Mis recuerdos.
Hoy te enseño un secreto, quieto, callado. ¿Lo ves? Son los recuerdos de mis viajes impregnados en las alas de las mariposas, ¡mira con atención! Sólo los que lo quieren de verdad pueden verlas. Así que aquí en mis hojas de papel , sin tinta y sin color, guardaré recuerdos que sólo tú y yo, y quizá alguien más, podamos ver. Si decides zambullirte en esta pequeña, redondeada y misteriosa bolita de cristal, en la que tengo atrapada la imaginación, hazlo con pensamientos de tinta y manos traviesas, siempre viene bien algo de compañía...


lunes, 13 de febrero de 2012

No tengas miedo de despertar... porque en los sueños siempre nos podremos amar



Mi mente te piensa, e intenta no sin esfuerzo, rebuscar el recuerdo, que deja tu penetrante perfume en mi pálida piel, rescatando  las notas casi imperceptibles, de bergamota, azahar…
Invento tus caricias, soñando que recorren  los desniveles cálidos, tímidos e inseguros, que anhelo descubras, con inquietud traviesa e incluso pícara, desafiando los primeros rayos de claridad, que intentan arrebatarnos, despegándonos, de los abrazos y los tímidos besos con los que nos rebelamos a lo establecido y a aquellos que decían que besarnos era una pecado… 

Las alas de Bird

 

Bird.
La habitación estaba a oscuras. Sólo se oían susurros de vidas que dormían. Él estaba medio despierto, y ella medio dormida. Él pensando y ella a punto de entrar en el mundo de los sueños.
En las sábanas que cubrían el sillón se mezclaban el olor a rosas y a limón y a jabón fresco y a canela. Olían así. Algunos sabios, dicen que todos tenemos un olor característico y que si es muy especial sólo olerá la persona adecuada.
A él, el moreno tonto que iba a despertarla sólo le olía ella. Pero ella le olía así a todo el mundo. Quizá es que es muy corriente o quizá es sólo la típica excepción a la regla.
La llamó:
-Bi. Bi.
Y, como esperaba, un simple gruñido por respuesta.
-¡¡Bi!!
-¿QUÉEEEEE?
-Dímelo. 
-¿EL quéeeeeeeee?
-Por qué siempre llevas ese brazalete en la mano.
-Te lo diré. Porque es lo único que mi padre llevaba siempre encima, siempre, aparte de esa cazadora de cuero vieja que nunca llegué a encontrar. Es lo que me dejó aquel 15 de marzo en el que el frío te helaba los huesos, te congelaba el alma, en el que el hielo cubría todo de una dura, resbaladiza y mortal capa translúcida, cubría todo lo que tenía vida, como hacía cada invierno en aquel lugar perdido. -Hizo una pausa. Su semblante había cambiado, creía que era una de esas chicas que llevaban brazaletes por ser la última moda o algo así, pero comprendió que ella era diferente. Aunque eso a Bird no le gustó y dio por cerrada la conversación.- Y ahora… ¿me dejas dormir de una vez?
Bird cerró los ojos. En sus párpados se veían puntitos luminosos. Estaba sorprendida. Lo soltó todo de sopetón. ¿Había sido el sueño? Puede que sí. Pero le había contado a aquel extraño algo que era tan familiar como respirar y que nadie nunca había sabido.
Y así se desveló una minúscula parte del intrigante pasado de aquella chica.