Mis recuerdos.
Hoy te enseño un secreto, quieto, callado. ¿Lo ves? Son los recuerdos de mis viajes impregnados en las alas de las mariposas, ¡mira con atención! Sólo los que lo quieren de verdad pueden verlas. Así que aquí en mis hojas de papel , sin tinta y sin color, guardaré recuerdos que sólo tú y yo, y quizá alguien más, podamos ver. Si decides zambullirte en esta pequeña, redondeada y misteriosa bolita de cristal, en la que tengo atrapada la imaginación, hazlo con pensamientos de tinta y manos traviesas, siempre viene bien algo de compañía...


martes, 26 de abril de 2011

Una sonrisa que perdurará en mi memoria

Pienso, recuerdo, de forma involuntaria tantos pequeños detalles, como tus consejos llenos de sabiduría y experiencia, que me haces llegar con amor, delicadeza  y buena intención.
Rememoro tus huellas, esas que dejaron el paso del tiempo, aquellas que modificaron tu rostro dándole una seña única de identidad y sonrío al rememorar como me gustaba recorrer con mi pequeño y minúsculo dedito, tus riachuelos dibujados con tanta gracia en tu espejo del alma,  ese que rebosaba cariño, que dedicaba suaves y sutiles sonrisas y reía a carcajadas con mis travesuras.
Ahora soy yo la que sonríe al recordarte, la que añora abrazarte, la que todavía no es capaz de llevarte flores, ni llorarte abiertamente, porque todavía tiene la esperanza de descolgar el teléfono y oír tu voz afable, de verte entrar por la puerta como el que espera que llegue la primavera después de un largo, frío y duro invierno.

domingo, 24 de abril de 2011

Magia cubierta de rojo :)

Pasear por la ciudad chocando las puntas de tus converse rojas, haciéndote creer por un momento que soy una Caperucita moderna, esa chica que ha cambiado la capa por unos zapatos desgastados y que ha abierto –aunque sólo por un momento- la puerta de los sueños POSIBLES y de los deseos probables…

Su significado no es correcto en el diccionario...

Te quiero, ocho letras que lo significan todo, que mueven un sentimiento a lo largo del mundo, uno que pone a prueba a la guerra mundial y que hace que saquemos una sonrisa bobalicona y que seamos más felices, que el Sol nos parezca más brillante y que seamos capaces de imaginar un rostro entre las estrellas que nos haga soñar despiertos, que hace que las mayores locuras sean fácilmente realizables sólo para hacer que la otra persona sienta lo mismo.
Es un sentimiento intangible- dicen los científicos- pero, ¿es verdad? ¿No lo sientes en la sonrisa tonta de las quinceañeras que hablan en la esquina? ¿No sientes tus propias mariposas revolotear cuando LE hablas? Yo sí. Todos lo hacemos, el amor es el sentimiento más importante sobre la faz de la Tierra, que nos hace tener esperanza, que nos hace humanos.
Te quiero significa todo eso y mucho más, significa lo que sentiste cuando eras adolescente y te sudaban las manos antes de pedirle por favor que hablara contigo, significa que los momentos que pasas con ella, con la mujer de cortos tirabuzones castaños son, en realidad, los mejores de tu vida. Significa que no puedes pasar ni un minuto sin pensar en ella y que aparece hasta en tus sueños y que no hay nada que desees más que colocarle un mechón detrás de la oreja y darle un beso apasionado.
Esta entrada es un regalo a alguien a quien quiero mucho... y que me la ha pedido expresamente.
Me ha costado pero ha salido :)

Recuerdos de Mariela: Recuerdo 1: En medio de la tempestad llegó la ayuda humanitaria

En el abatimiento de su mente resuenan las teclas oscuras y manoseadas con cierto desasosiego y en las profundidades de sus aparentemente comunes y vulgares ojos marrones se reflejan las absurdas y efímeras conversaciones de un chat que intenta llenar su vacío. Aparece una pantalla nueva, a su vez un pensamiento raudo por fin un nick que no es absurdo, uno que no refleja inseguridad sino sencillez, compuesto únicamente por su nombre, sin vetas que impiden ver la realidad.
Mariela, como así se hace llamar en la Tierra del Chat, se da cuenta, intuye, que ha encontrado algo diferente. Ella le dedica un rápido ¡Hola!, dos sonrisas a cada lado del teclado y una excusa poco creíble: el chat no me va bien, ¿pasamos al Messenger? Y pulsa enter.
Tan pronto como el mensaje aparece en la pantalla, algo estalla dentro de Mariela. Ha sido un simple impulso, ha llegado a su sistema nervioso y le ha hecho caso sin pensar, aunque eso no es lo correcto y menos después del huracán que le atacó esta mañana, después de que empezara a odiar las batas blancas y se quedara impregnado en su piel y en su memoria, el olor a hospital, a miedo y decepción.
Después de unos minutos de incertidumbre por la otra parte, él reclama su correo. No puede salir corriendo ni girar la cabeza. Otro podría. Ese es uno de los numerosos defectos de Mariela: no sabe decir no, no sabe que la buena educación es a veces opcional, así que acepta; los minutos pasan deprisa y ya puede ver la conversación parpadeante reclamando su atención. Pasadas dos horas Mariela no recuerda ni siente nada que no sea él. Él en dos horas ha sido ayuda humanitaria, médicos sin fronteras, manos unidas y cruz roja, y ha reconstruido la chispa de Mariela, ese sello de identidad que la acompaña desde la niñez. Mariela teclea un último guiño casi sin darse cuenta, entre promesas de volver a hablar y dejan ver deseos de encontrarse y poner carne y hueso a las mariposas que no cesaban de revolotear dentro de ambos.
Y vuelve la marea gris, algo la empuja a sentarse en la mesa (su madre). Intenta que la cena se desarrolle como otra cualquiera y sin embargo, no puede dejar de imaginar qué expresarían sus rostros o qué palabras saldrían de sus bocas o qué peludo compañero se arrastraría de madrugada a su cama para darle el calor que tanto le falta. Y sólo por eso Mariela calla e intenta aparentar que todavía no sabe que sus días están cerca de acabar, que quizás no disfrute de muchas cenas más.
Antes de irse a dormir dedica una suave y cálida sonrisa que espera que recuerden cuando ella ya no esté y se hace una promesa: va a ser MARIELA, más que nunca, va a ser ella, va a quedarse grabada en la memoria de todos aquellos que hayan buceado alguna vez en la inmensidad que es Mariela. Y va a hacer que el tiempo que le queda sea el mejor de su vida.
Fin del primer capítulo.
(Y os preguntaréis: ¿por qué tan larga introducción? Este es uno de los tantos defectos de Mariela: no sabe cuando parar)

Esta entrada la he escrito con mi hermana :) Las dos nos hemos dado cuenta de que hacemos buen equipo...
Esta entrada irá en la sección Recuerdos de Mariela, está programada, así que cuando vuelva la colocaré allí.
Las vacaciones se acaban pronto, a ver si tengo tiempo de hacer todo lo que quiero :)

sábado, 23 de abril de 2011

Iluminas mi camino



Hoy he llegado a casa y he encendido la lámpara. He notado que daba poca luz y he anotado en la nevera: comprar una bombilla de recambio para el cuarto de Clara. Mi madre ha venido dos horas después y me ha dicho que la cambió hace una semana. He encogido los hombros y le he dicho que serán cosas mías. Luego un pensamiento ha cruzado mi mente de la forma más fugaz posible: en comparación, él ilumina más que todas las bombillas del barrio.  

jueves, 21 de abril de 2011

Escuchando...

Estoy escuchando la radio. La tengo sintonizada en tu corazón. Nunca he escuchado una canción mejor.

martes, 19 de abril de 2011

En la biblioteca: he llegado corriendo cuando la he visto entrar.




Estoy en la biblioteca, me paseo por las estanterías haciendo que busco un libro en concreto, luego me paro, hago que leo interesadamente durante un par de minutos y reempiezo el proceso. Todo esto sólo para escucharle recitar unos versos. Ella no se da cuenta, tirada en el suelo, con el libro entre las manos, pero vengo todos los viernes y empiezo a sentir que he empezado una historia entre tantas otras, que no tendrá final feliz o que no tendrá final, porque entre ella y yo hay un abismo y el pasillo número 13 de la biblioteca.

sábado, 9 de abril de 2011

Diario de Viajera: Charlotte vuela y no logro alcanzarla.

Ella. La chica del oscuro e infinito pelo chocolate, la que duerme con los ojos cerrados a un mundo cruel y una sonrisa en los labios. La que estira las piernas esperando que se hagan más largas, la que se pone medias y faldas, y deja a todo el mundo con la boca abierta sin apenas darse cuenta. La que no le importa nada de lo que los demás piensen o digan de su forma de ser, de sus sueños o de sus ilusiones, la que baila en la alfombra de su habitación con unos cascos plateados en las orejas y una melodía en sus pensamientos, la que, como despedida, deja una foto de sus ojos y unas cuantas palabras salidas directamente de su corazón a el de la persona que se va. La que viaja a dos metros por encima de su cama a un mundo al que probablemente,  ni tú ni yo podremos llegar, ¿sabes por qué? Porque no tenemos la magia entre los dedos, entre la piel y en nuestro interior: palpitando como un ser vivo que quiere salir y brillar más que cualquier estrella.