Mis recuerdos.
Hoy te enseño un secreto, quieto, callado. ¿Lo ves? Son los recuerdos de mis viajes impregnados en las alas de las mariposas, ¡mira con atención! Sólo los que lo quieren de verdad pueden verlas. Así que aquí en mis hojas de papel , sin tinta y sin color, guardaré recuerdos que sólo tú y yo, y quizá alguien más, podamos ver. Si decides zambullirte en esta pequeña, redondeada y misteriosa bolita de cristal, en la que tengo atrapada la imaginación, hazlo con pensamientos de tinta y manos traviesas, siempre viene bien algo de compañía...


domingo, 11 de diciembre de 2011

Recuerdos de Mariela- Recuerdo 6

La felicidad es esquiva, pero siempre acude a la llamada de las carcajadas.



-¡Mamá! ¡Carolina sigue siendo una canija traviesa! Me ha vuelto a manchar de sirope… ¿No sabes, Carol, que hay que tener cierto respeto a tus mayores?
-¡Claro que sí! Es sólo… que no veo a ninguno en esta mesa.
Las tres se ríen, sin ocultar sus ruidosas y escandalosas carcajadas.
Mariela se dirige a la caja, le planta un beso a su madre, le abraza por detrás, y sigilosamente extiende la tarjeta de crédito junto con su DNI a la camarera.
Su madre sonríe con cara de desesperación.
-¡Me tocaba pagar a mí, hija! No tienes remedio.
- Pero me quieres igual, ¿eh? ¡No protestes mami!
Y espabila, enana, ¡que nos vamos ya!
Las tres entran en el coche, contentas y muy alegres después de haber compartido otro viernes de sirope de chocolate,  y montañas de tortitas con deliciosa nata, acompañadas de miradas cómplices y confesiones, tanto absurdas como de gran importancia.
Tararean una de las 4 canciones sin interrupción de cadena Dial, que tanto les anima, y alguna se atreve a cantar un trozo… no sin fallar y provocar risas entre ellas, por supuesto.

(Voz de Elisa)
Mientras tanto, Elisa piensa en lo afortunada que es de tener a sus dos preciosas, encantadoras y alocadas niñas, su mayor tesoro es eso, no cabe duda, sencillamente ¡las adora! No sabría encontrarlas ni un solo defecto, incluso sus enfados, sus pataletas, o su timidez, resultan en suma parte un aliciente para que todo el mundo que las conoce se quede prendado de ellas.


Una voz nueva, como habéis podido comprobar, mamá al ataque!! :) Había que hacerla un hueco!
A este paso le ponemos voz hasta al perro! Bueno Mariela se dejará caer prontito por aquí, y a lo mejor consigo un relato de la Navidad… solo necesito inspiración (vamos, lo más difícil de conseguir)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Una princesa suelta por la ciudad

¿Sabes que lo iluminas todo?


El sillón rojo, al lado de la ventana, iluminado por la luz del día, con el cielo azul, reflejándose en el cristal. Hacía un día perfecto y tú y yo, ahí dentro. Así que decidí que eso se acabaría.  Me senté en el alféizar y esperé ese chocolate caliente que me habías prometido, una mirada pícara y adivinaste lo que me traía entre manos.
-¿Así que un picnic en el jardín, eh pequeña?
-Ajá.
Y me diste un beso. Luego jugamos a identificar formas en las nubes, una rana, un jarrón, un perro…
Y cuando te cansaste, sonreíste y me susurraste al oído que había encontrado algo especial.
-¿De veras?- contesté enarcando las cejas.
-He encontrado una princesa suelta por la ciudad.
-¿Tanta imaginación tienes?
-No me ha hecho falta mirar al cielo, la tengo delante de mis ojos. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Recuerdos de Mariela - Recuerdo 5 Sonrisas bañadas de chocolate.


(Voz de Carolina, hermana pequeña de Mariela)



Treinta minutos más tarde y como ya es habitual en Mariela, llega tarde a recoger a su hermana, que espera impacientemente su llegada.
Carolina, entra apresuradamente y mientras se acomoda en el asiento, le dedica a Mariela infinidad de burlas sobre su desesperante tardanza, ya un clásico de los viernes por la tarde.
Carolina observa por primera vez en unos días, a su hermana mayor, que últimamente parece estar mucho más pálida que de costumbre y algo más agotada, aunque Mariela nunca se queje de ninguna molestia, algo le dice que no todo marcha bien, pero ¿qué podría ser?
Ella no para de parlotear sobre Samuel y eso es algo que salta a la vista, cuando la miras a sus marrones ojos brillantes, que la hace feliz, pero sin embargo, si miras más profundamente en ellos, y eso es algo que sólo Carolina sabe hacer, percibes que algo la está apagando poco a poco como una vela reduciendo su resplandor silenciosamente.
-¡Carolina, cariño! Despierta de tus pensamientos… y sal de ese coche que mamá ya estará dentro, preguntándose dónde estamos.
-¡Ya va!
-¡Y cierra el coche! Que siempre te olvidas! Como si fuera tan difícil recordarlo… jajaja
(Mariela la mira y es incapaz de no reírse, también de sí misma)
Entran en la cafetería cercana al trabajo de su madre, y la localizan sin problema, sentada en una amplia mesa de madera cobriza esmeradamente conservada.
Carolina corre a saludarle, seguida de Mariela, que lo hace desde la entrada-
-Ey, ¡llegamos tarde, como no! ¿Sorprendida?
-No pasa nada cielo, ya sabemos que la puntualidad no es uno de los puntos fuertes de tu hermana… ¿Listas para degustar otro día más las esperadas tortitas con sirope de chocolate de los viernes?

¡Bueno! Esta era la sorpresa. Hoy ha entrado en escena Carolina, hermana de Mariela. ¿Qué os ha parecido?
La siguiente entrada ya está preparada pero no sabemos cuando la vamos a publicar, así que... ¡toca esperar!
Probablemente antes de esa venga otra intercalada :)
No sé cuándo volveré porque esta semana no tiene buena pinta :(
Un beso (a los que estéis ahí)

jueves, 3 de noviembre de 2011

Recuerdos de Mariela Recuerdo 4- El coche da mucho en qué pensar

Recuerdos....
de cuando comenzaste a meterte en mi cabeza

Al cabo de 10 minutos, y a pesar de intentar concentrarse únicamente en el tráfico y en el monumental atasco en el que se encuentra inmersa, se da cuenta de que no puede quitarse de la cabeza la voz de Samuel.
Observa el móvil sobre el salpicadero y se siente tentada de marcar su número, le encantaría oír su voz de nuevo.
Un claxon desagradable y escandaloso la sobresalta.
Mira por el retrovisor, se disculpa rápidamente y sin perder ese color especial en los ojos que siempre permanece tras pensar en él, vuelve a ponerse en marcha…


¡Hola! He vuelto, ¡Sí, de verdad! Los libros no me han comido, pero lo han intentado... ¬¬ 
Este finde comentaré en vuestros blogs y me pondré al día.
Mariela se dejará caer por aquí también este finde. 
La entrada ha sido muy corta porque después de esta hay una sorpresa ¡una voz nueva! Ni de Mariela, ni de Samuel :)
Bueno, os dejo... 
Los libros me atacan de nuevo!




martes, 18 de octubre de 2011

Recuerdos de Mariela, Recuerdo 3- Medicinas contra la tristeza


(Voz de Mariela)


Tras su primera conversación telefónica, Mariela se pregunta si finalmente llegarán a verse algún día en persona, y no sería por falta de ganas, desde luego, además la intuición le insinúa a Mariela que recordará a Samuel hasta sus últimos minutos de aliento, pero la inexorable falta de tiempo, marca, día a día, tantos en su contra. Por supuesto, ella está dispuesta a jugar todos los minutos de descuento, aun sabiendo el desventurado resultado final, que la dejará fuera de juego.
No, no y no. Tristeza y pesimismo. Algo que se prometió a sí misma que no sentiría, no al menos de forma voluntaria.
Pega un alegre y pintoresco salto de su coqueta silla azul celeste, se mira en el estrafalario espejo lleno de post-it de diversas formas y colores –pintarrajeados de frases y anotaciones sin sentido concreto-. Repasa con sus ágiles dedos los tirabuzones que surcan su pelo cobrizo anaranjado, con finos reflejos dorados –definido con mucho de peculiar- y sujeta unos cuantos mechones con una fina horquilla verde.
Olisquea en su armario, en su muy destartalado armario, y por fin encuentra lo que busca.
-A ver… ¡Eso es!
Perfecto contra esas malas sensaciones, su animado y algo aniñado vestido verde, a juego con sus locas manoletinas florales.
Por último, coge las llaves del coche del recibidor y sale con una renovada sonrisa por la puerta… 

Mariela volverá pronto. Motivo? Exceso de inspiración momentánea, por supuesto, ¿para que iba a durar más? ¬¬



domingo, 9 de octubre de 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Ficción o realidad?




-Sonríe siempre, porque no sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.
+Eso sólo pasa en las películas
Él la mira.
-Eso no es cierto, porque...
+¿Qué vas a decir ahora? ¿Qué también ocurre en la realidad? Siento decirte que no me lo creo.
-Yo sí. ¿Sabes por qué?
Ella niega con la cabeza.
-Porque aquel día de principios de curso en el que ni siquiera sabía tu nombre... me enamoré de tus ojos, del tono de tu piel, de tu pelo  color miel... y todo porque tu sonrisa lo iluminó todo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Porque podría tocar el cielo con la punta de los dedos...



-¿Segura de que es por aquí Oli?
-Como si lo estuviera leyendo en un mapa.- Olivia sonrió para si misma, alguien le enseñó que esa pequeña cala no estaba registrada en ninguna parte.
-Hay demasiadas rocas.
-Te aseguro que cuando llegues abajo sólo verás arena y agua.
-Está bien…
Hugo saltaba ágilmente cada obstáculo que aparecía por el camino, siguiéndola a ella, que parecía tan segura como si fuera el pasillo de su casa, y es que le explicó que había venido cada verano desde los cinco años.
-Ya casi estamos. Te habrás acordado del bañador, ¿no?
-¿Tú que crees?
Ella meneó la cabeza, él era su mejor amigo desde aquel, ya lejano día, de preescolar…
Y segundos después el hermoso paisaje apareció ante sus ojos, los ojos excitados de ella, que eran igual cada vez que tomaba rumbo a su pequeña playa y los ojos de él, repletos ahora, de curiosidad, curiosidad por explorar cada rincón de ese mágico lugar… y de, saber por fin, porqué Olive nunca le había dicho nada de él.
Corrió para llegar a los escasos metros de arena fina, caliente y clarísima que había allí, quitándose el vestido y lanzando las chanclas a Dios sabe qué parte.
Se sumergió en el mar como un pez arrancado de su hogar en esas profundidades llenas de misterio que sólo unos pocos privilegiados han conseguido desvelar.
Salieron, empapados y exhaustos, sobre todo él, no tan acostumbrado a las búsquedas de peces y conchas como ella,  y se sentaron sobre una de las rocas más cercanas.
-¿Qué te ha parecido?
-Es… genial, de verdad, no sé cómo no hay más gente.
-De hecho, no hay nadie.
Una media sonrisa aparece en las comisuras de los labios de ella, algo la ha hecho rememorar sus vivencias allí.
-¿Vamos a mirar las nubes?
Hugo, con un asentimiento de cabeza, se tumba, haciendo caso omiso a la toalla. Las trenzas rubias de Olivia rozan los finos granos tostados por el Sol. Sus ojos verdes centellean, encerrando secretos que todavía no está preparada para desvelar.
-¿Sabes lo que más me gusta de este sitio?
Él levanta la cabeza.
-No.
-Que puedo tocar el cielo con la punta de los dedos. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Te necesito, como no he necesitado a nadie nunca...



Está amaneciendo. El Sol sale tímidamente por la fina línea del horizonte. Está sola. Camina lentamente por la playa, sintiendo los granos de arena colarse entre los dedos de sus pies y su vestido ondea con la suave brisa que huele ligeramente a sal. Las olas se acercan y no puede evitarlo, se tumba en la orilla y las lágrimas caen a borbotones, mezclándose a su vez con el agua, sumergiéndose en los metros de profundidad que engullen tantas historias cada día, que se tragan penas e ilusiones, momentos buenos y momentos fatídicos. La humedad, el olor, el color del cielo, las olas empujándole, la marea verdeazulada moviéndose silenciosa y estampándose contra las rocas. Todo eso era él. Todo eran sus recuerdos, sus risas escondidas entre caracolas y peces, entre jirones de cielo y los algodones de azúcar que eran las nubes. Se quedó allí durante horas, llorando sobre la orilla, acudiendo a una cita que nunca iba a ver su fin. Porque él se ha ido para siempre. 

sábado, 17 de septiembre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

Silencio, el más puro y simple sonido

El silencio, que lo engulle todo, que se traga todo, en el que la única forma de hablar es una mirada.

A veces quiero romper ese tímido silencio, devorarlo, doblarlo, y guardarlo, esconderlo en un cajón para no volver a encontrarlo. Y… ¿sabes? No puedo hacerlo. 

martes, 13 de septiembre de 2011

Nuestro primer premio!


¡Hola! Os escribo para -que suenen los tambores- comunicaros que hemos ganado: ¡Nuestro primer premio! Nos lo ha dado Mhay de Debajo del edredón, tan simpática como siempre :) Como no, me ha encantado. Tiene unas cuantas reglas facilillas:





Agradecer a la persona que te lo otorgó mencionando el blog
Gracias, gracias, muchísimas gracias a Mhay de Debajo del edredón, un blog precioso que tiene un poco de todo y que me encantó desde el principio (sobre todo sus variopintos personajes como Pandora :)
Mencionar 7 cosas que te gusten.
-Leer
-Sumergirme en el mar
-Escuchar música con unos cascos enormes
-Hacer fotografías
-Escribir (para enseñarle a todos que la magia no es tan difícil de encontrar)
-Sonreír
-Andar descalza
Pasar el premio a 10 blogs favoritos.
Frases incompletas (Claudia)
Atardeceres con Nescafé (Roxy Varlow)
 La chica de las manzanas (Laura Drop R.)
Cometas en el mar (Tynna Adrenaline)
 Pia Baroja(Pía Baroja)

Bueno pues ya está! Por cierto colgar esto ha sido mucho más difícil de lo que parecía… ;)


lunes, 12 de septiembre de 2011

Recuerdos de Mariela, Recuerdo 2- Al otro lado del espejo


Samuel observa la última parte del e-mail, con un rastro de emoción en el estómago, e introduce en la lista de contactos de su nueva black berry, el teléfono de Mariela. La llamará, por supuesto. Sabe, de algún modo, que no puede dejarla escapar, que es peculiar, que es diferente, que es alocada y encantadora, que hay algo en las palabras de la pantalla que la refleja perfectamente, que dibuja esbozos de cómo es, en la mente de Samuel, que le encanta, que no sabe qué pasa, pero qué va a perseguir esto hasta el final.
Marca el número y espera pacientemente. La imagina, buscando en el bolso como una loca, con el pelo enredándosele en la boca… es una de las peculiaridades de Mariela, que no le ha querido decir nada de su aspecto físico, y eso le parece bien, hace que esa persona te guste por cómo es. Al fin, cuando está a punto de colgar, al suponer que pronto saltará el contestador, una voz dulce pero nerviosa contesta al otro lado.
-¿Si? ¿Hola?- Samuel duda un segundo, sin querer, reproduce su tono en su mente.
-Hola, ¿Mariela? Soy Samuel, me diste tu número, ¿recuerdas?
-Uff…- Samuel frunce el ceño, vaya,  seguro que no…- ¡Claro! Aunque con mi memoria no te la juegues a menudo, porque la pobre no anda muy bien.
Una risa limpia y cristalina termina por ella la frase y siguen hablando durante casi media hora más, cuelga él, se tiene que ir a trabajar, y ya llega tarde, esa chica le parece increíble. Sin querer, tararea una canción que no sabía que conocía en el metro y se sorprende a sí mismo cuando se lo hace notar su compañero de asiento habitual. Cuando entra por la puerta del periódico, algunas caras sorprendidas le saludan, parece más relajado de lo habitual y con un sorprendente buen humor para esas horas de la tarde, en las que sólo unos cuantos becarios lucharan por hacerse un minúsculo e insignificante hueco en el matinal. 


¿Qué os ha parecido? Esta es la voz de Samuel, la otra parte de la historia. En muchos recuerdos habrá una segunda voz, que será esta, de ahí el nombre, al otro lado del espejo. 
Bueno, en la siguiente entrada colgaré... ¡NUESTRO PRIMER PREMIO!
A ver si tenemos noticias de Mariela más a menudo :)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Un minuto sin ti es un minuto menos de felicidad :)



-¿Qué pasa? ¿Por qué sonríes?
Lucas la mira y le coloca un mechón de pelo chocolate tras la oreja, con infinita delicadeza, como hace siempre.
-Estaba pensando…- Se gira otra vez hacia la ventana, en la posición en la que se encontraba antes- ¿Has sentido alguna vez que se te escapan los detalles, que los recuerdos no acuden a tu llamada como antaño? Yo sí. Justo ahora. El día del parque. La semana pasada miré una foto y vi que llevabas las uñas pintadas, de hecho, de ese verde fosforescente que tanto te gusta, que llevabas el brazo lleno hasta el codo de pulseras. Me dijiste que si no te gustaba de esa forma nunca podrías salir conmigo, que tú eras así, un día de una forma y otro de otra.
Charlotte se acerca.
-Claro que me acuerdo. ¿Pero qué pasa con ese día?
-No recordaba lo que pasó en ese momento. Sólo el helado, el café y ese tímido beso. Y esa conversación fue importante. Fue un buen momento.
-Tienes razón, fue importante, no había vuelto a rememorarla desde entonces…
-A eso me refiero. Me encantaría inmortalizar esos instantes que más tarde te hacen sonreír, como se hace en las fotos pero como con los recuerdos… Poder tenerlo todo en la palma de la mano, ojalá las cámaras fueran capaces de hacer eso.
-A mí no me gustaría.
-¿No?
-No. Esos momentos o se graban en el alma o no se graban en ningún sitio, ese es el mejor sitio que hay, de hecho, el único. Porque si están en algún otro lugar no es lo mismo, pierden la intensidad, pierden su… su magia. Su verdadera esencia.
Lucas la miró.
-Es cierto pero… - Ella le interrumpió poniéndole un dedo en los labios.
-Y… Lucas. Para eso también existen las cámaras de vídeo.
Su rostro se desarmó por completo pero Charlotte reaccionó enseguida y una carcajada cristalina salió de su boca antes de salir corriendo como una niña pequeña.
Él la alcanzó sobre la hierba del parque.
-¿Pequeñaja? Este es uno de esos momentos.
Y sacó la cámara de vídeo.
Años después sus risas resonaban en una tele de un ático en París… Con unos labios rojizos, una manzana, y el pelo caoba de Charlotte mezclándose con el rubio trigo de Lucas. 




viernes, 2 de septiembre de 2011

Disfrutar cada tic-tac :)


Estaba inquieta. Ese día había sido fatídico y no estaba de humor para nada. Su padre supo lo qué pasaba en cuanto vio su rostro y tuvo una idea. Sabía que ella no hablaría con él, pero sabía lo que la haría reaccionar.
-¿Estás ahí?- Sonrió cuando la vio abrir la puerta con desgana y asomar la cabeza- Quería enseñarte esto.
La joven hizo un gesto de indiferencia y alargó la mano.
-¿Qué es esto?
-Eran de tu abuela. Son cartas, fotos, algunas cosas que cogimos de su casa en Grecia.- Le cambió la cara y se sentó observando detenidamente la caja, llena de papeles que sobresalían de los bordes.
-¿Puedo quedármelos un rato? Sólo para verlos.
-Claro. Te dejo a solas.
Olivia echó un ojo a las fotos. Su abuela frente a los olivos, con su pelo negro sobre los hombros y los ojos de color verde oscuro, del verde de las hojas que tenía a sus espaldas. Otra en la playa, en las rocas, con la nieve cayendo suavemente. La última que ojeó, entre tantas otras, era una en la que ya era la abuela Laura, la que ella conocía tan bien. Tenía el cabello, grisáceo y veteado de blanco, recogido en un moño pulcro, con una versión mini de Olivia entre los brazos, las dos en un abrazo de esos que se graban en la memoria. Pero le llamó la atención algo: una carta, una que no tenía año, cosa que le encantó porque mostraba parte del carácter de aquella mujer tan especial. Reconoció la pulcra y distinguida letra que le caracterizaba y empezó a leer.

21 de agosto de un año cualquiera.
Esto es algo que tenía que decirte, así que no hacen falta “queridos” ni falsos saludos, para mí son más importantes las palabras que vienen a continuación:
El tiempo pasa, y la vida sigue. Y las cosas pasan de repente, casi sin que nos demos cuenta. Los recuerdos pasan como películas en nuestra cabeza, y constantemente, grabamos más. Por eso, porque esto no dura eternamente, tenemos que saber aprovechar cada segundo que nos dan. Hay ilusión pero también hay tristeza, hay problemas y tenemos que saber sobreponernos, seguir adelante, superar los baches. Por eso a veces hay que arriesgarse, ser impulsivo y dejar de pensar las cosas, porque con el corazón  salen mejor. Sé que aquel lugar, aquella casa veneciana que antaño fue de mi abuela,  siempre será nuestro lugar especial, sólo te escribo para decirte que lo he pasado bien, que decir “te quiero” quizá es demasiado definitivo, pero  quiero seguir intentándolo, seguir  a tu lado robándole minutos al reloj. Quizá esto no sea para siempre, pero si no pruebas, ¿cómo lo vas a saber?
Estoy aquí, por si quieres intentarlo.                                     Laura.

Olivia necesitaba saber qué hacer a continuación. Y esa fue justo la lección que necesitaba, las palabras exactas, las que tenía atragantadas desde hace tantos meses. Con ellas superó aquella caída y aprendió que hay que vivir ocurra lo que ocurra, que a pesar de los fracasos, todo continúa y que si tú no lo haces el mundo no se va a parar para esperarte. 

domingo, 21 de agosto de 2011

Hojas ;)


Todo empezó con un vistazo al suelo. Paseaba por la calle, con la barbilla, la boca y parte de la nariz sumidas en mi bufanda gris, con las manos metidas en los bolsillos de aquel abrigo rojo y con el pelo enfundado en un gorro de lana. No sé qué estaba pensando en ese momento, seguramente algo qué habría ocurrido aquel día, no estaba pendiente del camino porque estaba grabado en mi memoria, es uno de esos trayectos en los que sólo te acuerdas de cuándo has salido y cuándo has llegado. El caso es que tropecé con un montón de hojas de colores otoñales, naranjas, marrones y rojas… y vi que todas eran iguales, que no se diferenciaban en nada, todas con el mismo color. Iba a seguir andando cuando despegué la bota del suelo. Una hoja verde clara me esperaba allí, pactando un desafío, enseñándome la lección. Siempre hay alguien que destaca, alguien diferente, alguien que tiene la otra pieza del puzle, alguien que tiene un poquito de magia escondida entre las capas de la piel. Así que sí, supongo que cuando te encontré, cuando te conocí, supe que había encontrado mi hoja verde. 

sábado, 6 de agosto de 2011

Tú eliges


La vida es como una montaña rusa, tiene subidas y bajadas, pero puedes elegir si disfrutar o gritar en el recorrido.

miércoles, 6 de julio de 2011

Pura amistad

La amistad es bonita, siempre que sepas elegir con quien la compartes.
 Nos conocimos tarde, demasiado tarde diría yo, me habría gustado conocerte desde el principio, para ver cómo eras de pequeña, pero me lo imagino, imagino que eras igual de simpática y agradable que ahora, y sé que tengo una amiga para siempre, y que no me vas a fallar, y estoy totalmente segura, porque tú no eres como las demás. Quizá habría sido diferente, pero yo me conformo como está, porque si te soy sincera es más de lo que nunca he compartido con nadie, es algo que nadie nunca va a poder romper. Porque tú dices lo que sientes y sientes lo que dices, porque podemos ser sinceras sin tener que arrepentirnos o sin tener que pensar en lo que la otra va a contar. Y nos contamos todo, lo bueno y lo malo, sin importarnos las consecuencias, y nos ganamos el cariño de la gente, porque somos así de auténticas, sencillas como la vida misma y sabemos que unidas estamos mejor. Y que no necesitamos a nadie más para reírnos, pasarlo bien y tener un día repleto de sonrisas, para curar nuestras heridas, y descubrirnos nuestros defectos, siempre intentando mejorar, nunca intentando hacer daño. A nosotras nos gusta relacionarnos, abrir nuestro círculo de amistades, a veces nos equivocamos con quien elegimos pero eso no nos importa porque nos tenemos la una a la otra, además nos enseña cómo se comporta la gente a la que sólo le gusta verte sufrir, aquellas personas que intentan pisotearte para subir en la escala social, pero lo único que hacen es bajar y nosotras sin intentarlo subimos, porque al final las personas malas salen a la luz y todo el mundo sabe cómo son, y lo quieras o no todo el mundo está donde se merece porque aunque no lo quieras todas tus acciones, sin importar cuáles, tienen sus consecuencias ya sea para bien o para mal. Lo último que quiero decirte es esto: sé que vamos a recorrer mucho camino juntas, sé que habrá muchos años más de sonrisas y lágrimas, de momentos robados al tiempo. Y quiero que sea así, eso no lo dudes nunca.

Las excusas no valen nada si eliges este camino, cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.

Yo siempre he dicho que la vida hay que vivirla, y equivocarse, pero no de la forma en la que lo hiciste, no de esta forma destructiva, que te va quitando minutos del valioso tiempo que te han dado. Y te lo advertí, te lo advertí a tiempo, pero ahora no estoy segura de que hubieras podido salir de aquel mundo en el que te metiste. Y no sólo has destrozado tu vida, sino la de tu familia y amigos, aquellos que te apoyaron, que dieron su brazo a torcer en los momentos más difíciles y que estuvieron  ahí siempre que los necesitaste.
Y ahora todos estamos aquí, apoyándote en tu último aliento, cada uno, aunque silenciosamente, reprochándonos ciertas cosas que dejamos de decirte porque pensamos que no ibas a cambiar de parecer. Hoy es un día de lágrimas, llantos, suspiros, de excusas y de por favores susurrados para que sigas aquí. Pero yo ya no quiero eso. Lo siento, siento de verdad estar diciendo estas palabras. Pero siendo egoísta no quiero que vuelvas, yo te quería y probablemente te sigo queriendo, pero me hiciste añicos y no hay forma de reparar el daño, porque esa persona a la que amaba se fue hace mucho tiempo cuando todo esto empezó y cambiaste de forma radical. Así que dejo una carta con las cosas que te dije, con mi amor todavía intacto a esa persona que eras antaño y flores que se marchitarán dentro de poco, al igual que te marchitaste tú. Una lágrima cae por mi mejilla, sólo una,  cuando por fin esto se acaba. Susurro te quiero al viento, y me voy ahora que nadie me oye, despidiéndome de ti con la poca entereza que me queda.

Porque aprendí que una sonrisa es el mejor maquillaje

Porque no siempre cuando estoy feliz,  río. Ni cuando estoy triste, lloro. Porque puedo llorar de risa, y reír de dolor. Porque en mí coexisten dos personas totalmente diferentes, porque una se ha ido formando según lo que he ido viviendo, según lo que he hecho y lo que he pensado y según mis amigos y mi familia, y la otra es apenas un vestigio de esa, es la que sale al exterior cuando estoy contigo, la que tú, con tus acciones, tus gestos y tus miradas has creado...
Porque ya estoy harta de no saber si pienso lo que pienso o si siento lo que siento, porque es  imposible que haya un solo día que no me confundas, que no hagas que algo se agite en mi interior, ya sea bueno o malo, porque ¿sabes? Puedo quererte y odiarte a la vez, y hay tantas razones, tantos pros y tantos contras, que me he cansado de revisar, día y noche, la lista que llevo grabada en la palma de la mano, en el dorso del cuaderno, o en el ventrículo izquierdo.

martes, 5 de julio de 2011

Amor de gato



-¿Blackie? ¿Blackie?
Sonreí cuando la pequeña bola de pelo que era mi gato se subió a mi regazo de un salto y se restregó contra mi estómago. Me llenó la camiseta de pelos y me lamió la cara con una dulce mirada en el rostro. Y siempre me pregunto qué palabras diría –después de chuparse sus largos bigotes- en cada situación. Todos le adoran, dicen que es el gatito más adorable que han conocido, y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo. Le llamé Blackie porque es de color negro con pequeñas rayas grises, lo que más me gusta es el hocico y las patas,  que son las partes más claras de su cuerpo. Su mirada es tan tierna como la de una persona, como si quisiera expresar con ella todo lo que no puede decir. Su nacimiento fue muy duro, pertenecía a una camada de muchos felinos y él fue el último en nacer, por lo que su madre se sentía muy cansada y casi sin fuerzas para traer a Blackie al mundo, los médicos tuvieron que ayudarla a hacerlo, ella era mi gata, prácticamente la había tenido durante toda mi infancia y fue muy duro superar su pérdida. Mis padres me recomendaron vender algunos de sus hijos, porque no podíamos cuidarlos a todos. Ese día de verano tuve que tomar una difícil decisión: elegir cuáles se iban  y cuál se quedaba. Y elegí a Blackie, el más pequeño de todos, el que parecía pedirte un huequito con los ojos, el que se quedaba dormido entre tus brazos.
Por eso hoy, cuando ya ha pasado un año, es un día de sonrisas y lágrimas. Porque hoy hace un año que perdí a Canela, mi gata, y hoy hace un año que adopté un precioso gatito a rayas llamado Blackie. 

Construir nuestro futuro...


Cuanto más nos elevamos, más pequeños parecemos a los ojos de los que no saben volar. -Nietzsche-

Inconfundible...

Siempre decías que era muy quejica. Lo soy. Me quejo de lo que no tengo y sigo apreciando, me quejo de no sea capaz de hacerte desaparecer de mi cabeza después de tanto tiempo, me quejo de que si te fuiste sigas haciéndome visitas en forma de sonrisas y furtivas y palabras que nunca llegas a pronunciar. Me quejo de que estás en todas partes. Me quejo de que mi subconsciente sea tan idiota y que siga pensando que aún queda una oportunidad…
Me quejo de todo eso y mucho más. ¿De lo principal?
De que no estás aquí.



lunes, 20 de junio de 2011

Amanezco con tus recuerdos pegados a la piel

He guardado tus recuerdos, nuestras fotografías, la primera rosa que me regalaste en un florero antiguo, el primer momento en el que rozaste tus labios con los míos, aquel momento, aquella magia que robaste de mi boca. Y ahora estoy buscando al dueño de todas estas cosas, y no, no te puedes presentar como candidato, porque busco un chico que me haga reír y no llorar, alguien que me quiera y que no se vaya con otra a la primera de cambio, alguien que me acompañe en los momentos buenos y malos, alguien que sepa darme su hombro para poder apoyarme siempre que quiera, alguien en quien pueda confiar mis problemas y mis alegrías, alguien con quien disfrutar de la vida, segundo a segundo, alguien con quien no arrepentirse de nada. Y puede parecerlo, pero no, no busco un chico perfecto, sino alguien que no descanse hasta meterse entre mis vértebras, que explore cada centímetro de mi piel y sepa el mapa de cicatrices que se encuentra en mis rodillas, y sobre todo, que busque mi corazón, que intente grabarse allí para siempre, como si no existiera otra cosa que esa.

domingo, 19 de junio de 2011

Para olvidar tus pupilas necesito volar

Subió las escaleras sonriendo. Ya olía la madera caoba de la buhardilla, era capaz incluso de oler la brillante y acogedora luz que se reflejaba en toda la habitación. Llegó y se descalzó. Lo primero que sentía cuando estaba allí era que estaba en su refugio, en su hogar. Dio una vuelta alrededor de sí misma, los volantes de su vestido acariciándole las piernas. Había vuelto después de tanto tiempo y se sentía segura. Le hacía tanta falta sentirse así después de la batalla que había librado estos días: de silencios imperturbables, de miradas doloridas, y de aguantarse dentro las lágrimas que pugnaban por salir una y otra vez, que se acercaban peligrosamente a la orilla de sus ojos. Se sentó en el filo de la cama, se tumbó boca abajo y cerró los ojos. Sintió por un momento que podía soñar, que podía escapar de la realidad y dejar todos sus problemas atrás. Y para ello sólo tenía que dejar de sentir el borde de sus párpados para sentir las nubes como si fueran algodones de azúcar, sentir las pestañas como si fueran el roce del aire y dejar de percibir la piel para sentir como escapa de la habitación, como asciende casi sin darse cuenta. Y sabe que vuela, acariciando las alas de los pájaros y sintiéndose libre, la libertad de ir a cualquier sitio, de sanar sus heridas y de disfrutar al máximo lo que su imaginación le ofrece. Y sabe que cuando abra los ojos y vuelva a su refugio de las alturas estará bien, completamente curada y que habrá recompuesto cada pedacito de su maltrecho corazón, roto por las armas que ofrece la sociedad, de supuestos amigos y de personas que hacen daño con tan sólo mirarte.


viernes, 3 de junio de 2011

Charlotte es Charlotte y nadie va a cambiar eso

Ella sólo quería conocerte, saber quién eres. Sólo quería saber cómo era el tacto de tus pestañas contra su mejilla, lo que se sentía al poderte mirar a los ojos durante horas, cómo era tener tu regazo como almohada y tu hombro como bastón. Ella sólo quería dejar de tener que echarte de menos cada segundo, sólo quería saber a qué sabían tus labios en cada hora del día. Pero ahora sólo quiere olvidarte, sólo quiere que alguien le enseñe como capturar las lágrimas que asoman cada vez que te ve, antes de que se caigan, de que rueden desde sus ojos hasta su cuello y se haga demasiado evidente que es frágil.
Y tú. La otra cara de la moneda, ¿qué pasa contigo? ¿Has aprendido a que parezca que nunca te fijaste en ella? ¿Has aprendido a mentir diciendo que no quieres que te hable? ¿Has aprendido a desviar la cabeza cuando te sorprende mirándola? ¿O has aprendido que ella merece la pena? ¿Has aprendido acaso lo  mucho que vale Charlotte? No lo creo. Ni creo que lo aprendas jamás, porque ella se ha equivocado contigo, no es que no la quieras, es que nunca vas a aceptarlo, ni por dentro ni por fuera, nunca vas a saber decir las palabras mágicas. Charlotte te esperará siempre, por ser como es, una cabezota, pero tú tendrás que saber cómo recomponerla, tú tendrás que saber que con ella hace falta mucho más, que ella es capaz de escarbar en tu alma y descubrir lo que tramas, que ella es todo o nada, que te necesita, pero aprenderá a sobrevivir sin ti si no te das prisa.

jueves, 2 de junio de 2011

Quizá no sea desconfianza


A veces construimos muros a nuestro alrededor sólo para comprobar a qué personas le importamos lo suficiente como para derribarlos.

lunes, 16 de mayo de 2011

Recuerdos de Mariela, Recuerdo 2- Una sonrisa en mi rostro...

Comienzan con suavidad a dejarse entrever los primeros rayos de luz, que intentan, traviesos, colarse a través del cálido estor. Mariela los observa con atención, parpadeando suavemente. No puede ignorarlos. Es la señal de que comienza un nuevo día. Se despega despacio de la colorida almohada, esquiva a su peludo compañero de cuarto y se arregla para salir.
Cuando va a alcanzar el picaporte de la puerta su madre le señala la encimera de la pequeña y pintoresca cocina, Mariela sonríe, le guiña un ojo y recoge el termo de café cuidadosamente preparado a su gusto.
Arranca su cochambroso y pequeño coche que en el fondo tanto quiere y se pregunta qué será de él cuando ella desaparezca y espera que siga regalando kilómetros de felicidad manchada de aceite y ruidos de motor y que después de un corto pero intenso tiempo se haya impregnado de una pequeña parte de Mariela.  Conecta la radio, baja las ventanillas y llega con un susurro de canción pegado en los labios.
Escoge una pequeña mesa del fondo de la biblioteca y comienza a deambular por uno de los pasillos.  Ahonda su mirada en los estantes rotulados de la sección de especialidades médicas. Ahí está. Lo coge decidida. Cotillea el correo antes de comenzar la lectura algo sombría que le espera.
No se lo puede creer, sonríe. ¡Vaya! Tiene un mensaje de Él. Sonriente, recuerda la conversación de ayer y se siente de nuevo como si tuviera quince años. Mira de reojo el libro que reposa sobre el escritorio de madera pulida… Decide responderle y comienzan a intercambiar e-mails, que se suceden sin tregua uno tras otro. ¡Caramba! Este último conlleva un dilema. Mariela reflexiona, pero escribe vivaz los nueve dígitos donde la puede localizar; envía, mira el reloj. Se hizo tarde. Recoge de forma apresurada… le mira desafiante, decide avanzar hasta la salida, el libro puede esperar y hay una voz en su cabeza que le dice que puede que ni siquiera lo lea…

lunes, 2 de mayo de 2011

Es inexplicable...


Ver el encaje de tu vestido gris rozar la butaca frente al piano, o tus converse marcando el ritmo en la madera oscura, pero hogareña. Tus manos, tus dedos, acariciando levemente, con suavidad, las teclas del piano, como si se rompieran al tacto. Verte ladear la cabeza haciendo que tus tirabuzones oscuros resbalen por tu cuello para oír mejor la melodía que producen tus manos.
Girarte y preguntarte si me gusta, si es mejor que la anterior, cómo si no supieras ya que todo lo que tocas resplandece, que me vuelves loco, sentada en el piano, en el muro o en el borde del escritorio, con un lápiz entre los labios, pensando cuál será el siguiente paso.
Es inexplicable lo fácil que es quererte, es inexplicable que él no te corresponda, y es inexplicable que no te des cuenta de que estoy esperándote aquí, cargado de promesas, como un tonto que te sigue adonde quiera que vayas.

martes, 26 de abril de 2011

Una sonrisa que perdurará en mi memoria

Pienso, recuerdo, de forma involuntaria tantos pequeños detalles, como tus consejos llenos de sabiduría y experiencia, que me haces llegar con amor, delicadeza  y buena intención.
Rememoro tus huellas, esas que dejaron el paso del tiempo, aquellas que modificaron tu rostro dándole una seña única de identidad y sonrío al rememorar como me gustaba recorrer con mi pequeño y minúsculo dedito, tus riachuelos dibujados con tanta gracia en tu espejo del alma,  ese que rebosaba cariño, que dedicaba suaves y sutiles sonrisas y reía a carcajadas con mis travesuras.
Ahora soy yo la que sonríe al recordarte, la que añora abrazarte, la que todavía no es capaz de llevarte flores, ni llorarte abiertamente, porque todavía tiene la esperanza de descolgar el teléfono y oír tu voz afable, de verte entrar por la puerta como el que espera que llegue la primavera después de un largo, frío y duro invierno.

domingo, 24 de abril de 2011

Magia cubierta de rojo :)

Pasear por la ciudad chocando las puntas de tus converse rojas, haciéndote creer por un momento que soy una Caperucita moderna, esa chica que ha cambiado la capa por unos zapatos desgastados y que ha abierto –aunque sólo por un momento- la puerta de los sueños POSIBLES y de los deseos probables…

Su significado no es correcto en el diccionario...

Te quiero, ocho letras que lo significan todo, que mueven un sentimiento a lo largo del mundo, uno que pone a prueba a la guerra mundial y que hace que saquemos una sonrisa bobalicona y que seamos más felices, que el Sol nos parezca más brillante y que seamos capaces de imaginar un rostro entre las estrellas que nos haga soñar despiertos, que hace que las mayores locuras sean fácilmente realizables sólo para hacer que la otra persona sienta lo mismo.
Es un sentimiento intangible- dicen los científicos- pero, ¿es verdad? ¿No lo sientes en la sonrisa tonta de las quinceañeras que hablan en la esquina? ¿No sientes tus propias mariposas revolotear cuando LE hablas? Yo sí. Todos lo hacemos, el amor es el sentimiento más importante sobre la faz de la Tierra, que nos hace tener esperanza, que nos hace humanos.
Te quiero significa todo eso y mucho más, significa lo que sentiste cuando eras adolescente y te sudaban las manos antes de pedirle por favor que hablara contigo, significa que los momentos que pasas con ella, con la mujer de cortos tirabuzones castaños son, en realidad, los mejores de tu vida. Significa que no puedes pasar ni un minuto sin pensar en ella y que aparece hasta en tus sueños y que no hay nada que desees más que colocarle un mechón detrás de la oreja y darle un beso apasionado.
Esta entrada es un regalo a alguien a quien quiero mucho... y que me la ha pedido expresamente.
Me ha costado pero ha salido :)

Recuerdos de Mariela: Recuerdo 1: En medio de la tempestad llegó la ayuda humanitaria

En el abatimiento de su mente resuenan las teclas oscuras y manoseadas con cierto desasosiego y en las profundidades de sus aparentemente comunes y vulgares ojos marrones se reflejan las absurdas y efímeras conversaciones de un chat que intenta llenar su vacío. Aparece una pantalla nueva, a su vez un pensamiento raudo por fin un nick que no es absurdo, uno que no refleja inseguridad sino sencillez, compuesto únicamente por su nombre, sin vetas que impiden ver la realidad.
Mariela, como así se hace llamar en la Tierra del Chat, se da cuenta, intuye, que ha encontrado algo diferente. Ella le dedica un rápido ¡Hola!, dos sonrisas a cada lado del teclado y una excusa poco creíble: el chat no me va bien, ¿pasamos al Messenger? Y pulsa enter.
Tan pronto como el mensaje aparece en la pantalla, algo estalla dentro de Mariela. Ha sido un simple impulso, ha llegado a su sistema nervioso y le ha hecho caso sin pensar, aunque eso no es lo correcto y menos después del huracán que le atacó esta mañana, después de que empezara a odiar las batas blancas y se quedara impregnado en su piel y en su memoria, el olor a hospital, a miedo y decepción.
Después de unos minutos de incertidumbre por la otra parte, él reclama su correo. No puede salir corriendo ni girar la cabeza. Otro podría. Ese es uno de los numerosos defectos de Mariela: no sabe decir no, no sabe que la buena educación es a veces opcional, así que acepta; los minutos pasan deprisa y ya puede ver la conversación parpadeante reclamando su atención. Pasadas dos horas Mariela no recuerda ni siente nada que no sea él. Él en dos horas ha sido ayuda humanitaria, médicos sin fronteras, manos unidas y cruz roja, y ha reconstruido la chispa de Mariela, ese sello de identidad que la acompaña desde la niñez. Mariela teclea un último guiño casi sin darse cuenta, entre promesas de volver a hablar y dejan ver deseos de encontrarse y poner carne y hueso a las mariposas que no cesaban de revolotear dentro de ambos.
Y vuelve la marea gris, algo la empuja a sentarse en la mesa (su madre). Intenta que la cena se desarrolle como otra cualquiera y sin embargo, no puede dejar de imaginar qué expresarían sus rostros o qué palabras saldrían de sus bocas o qué peludo compañero se arrastraría de madrugada a su cama para darle el calor que tanto le falta. Y sólo por eso Mariela calla e intenta aparentar que todavía no sabe que sus días están cerca de acabar, que quizás no disfrute de muchas cenas más.
Antes de irse a dormir dedica una suave y cálida sonrisa que espera que recuerden cuando ella ya no esté y se hace una promesa: va a ser MARIELA, más que nunca, va a ser ella, va a quedarse grabada en la memoria de todos aquellos que hayan buceado alguna vez en la inmensidad que es Mariela. Y va a hacer que el tiempo que le queda sea el mejor de su vida.
Fin del primer capítulo.
(Y os preguntaréis: ¿por qué tan larga introducción? Este es uno de los tantos defectos de Mariela: no sabe cuando parar)

Esta entrada la he escrito con mi hermana :) Las dos nos hemos dado cuenta de que hacemos buen equipo...
Esta entrada irá en la sección Recuerdos de Mariela, está programada, así que cuando vuelva la colocaré allí.
Las vacaciones se acaban pronto, a ver si tengo tiempo de hacer todo lo que quiero :)

sábado, 23 de abril de 2011

Iluminas mi camino



Hoy he llegado a casa y he encendido la lámpara. He notado que daba poca luz y he anotado en la nevera: comprar una bombilla de recambio para el cuarto de Clara. Mi madre ha venido dos horas después y me ha dicho que la cambió hace una semana. He encogido los hombros y le he dicho que serán cosas mías. Luego un pensamiento ha cruzado mi mente de la forma más fugaz posible: en comparación, él ilumina más que todas las bombillas del barrio.